Hay una flor en el bosque del Nahuel Huapi que florece brevemente y lo cambia todo.
El Amancay aparece en los claros del bosque patagónico entre diciembre y febrero. Sus pétalos son amarillos y anaranjados con manchas rojas. Según la leyenda, son las gotas de sangre de una joven mapuche llamada Amancay.
La historia de Amancay
Amancay era una joven humilde enamorada de Quintral, hijo del cacique. Por las diferencias sociales, su amor era imposible.
Cuando una epidemia enfermó a Quintral de gravedad, una Machi le reveló que la única cura era una flor amarilla en la cima del volcán Tronador.
En la cumbre, un inmenso cóndor la detuvo: la flor pertenecía a los dioses. El cóndor propuso un trato: le daría la flor a cambio de su corazón.
La joven aceptó sin dudar. ¿De qué le serviría su corazón si no tenía a quien amar?
Las gotas de sangre de Amancay cayeron por las laderas de la montaña. Donde caía cada gota, crecía una flor dorada con manchas rojas.
La conexión con VAROWA
El Amancay y la rosa mosqueta crecen en el mismo bosque. Dos plantas que la naturaleza patagónica diseñó para sanar, para dar lo mejor de sí en las condiciones más difíciles.
VAROWA. Fitocosmética de Autor.
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